El antropólogo estadounidense Pete Brosius, fallecido el 29 de julio a los 72 años, dedicó cuatro décadas a documentar cómo las comunidades penan de Sarawak (Borneo malayo) gestionaban los bosques tropicales mediante sistemas tradicionales de custodia que dejaban la selva en pie, según informa Mongabay. Su trabajo no solo desafió estereotipos sobre pueblos indígenas, sino que sentó un precedente legal crucial para el reconocimiento de derechos territoriales consuetudinarios en una de las regiones de mayor diversidad biológica del planeta.
A principios de los años noventa, las carreteras madereras que atravesaban el Alto Baram en Sarawak se convirtieron en escenario de enfrentamientos intensos. Familias penan levantaron barricadas de madera y se enfrentaron a bulldozers, camiones madereros y fuerzas de seguridad estatales. Mientras las protestas atraían atención internacional, el gobierno del primer ministro Abdul Taib Mahmud restringió el acceso de los medios y presentó a los penan como población atrasada manipulada por activistas extranjeros. Las ONG internacionales, por su parte, los retrataban como habitantes ancestrales de la selva luchando por proteger un Edén virgen.
Cuatro décadas documentando la gestión forestal penan
Brosius ya llevaba años trabajando en Sarawak cuando el conflicto maderero captó la atención mundial. Su investigación demostró que las respuestas penan frente a la tala variaban sustancialmente entre comunidades: algunas resistían mediante bloqueos, otras negociaban o buscaban compensaciones y empleo. Para Brosius, esas diferencias reflejaban historias distintas y relaciones particulares. Los penan tomaban sus propias decisiones en circunstancias difíciles, en lugar de seguir simplemente las directrices de activistas foráneos.
Ese argumento le enfrentó no solo al gobierno de Sarawak y los intereses madereros, sino también, en ocasiones, a las propias campañas ambientalistas. En una serie de artículos académicos, Brosius examinó cómo las campañas internacionales transformaban las descripciones de la cultura penan y su conocimiento ambiental. Disputas locales complejas sobre tierra y poder político podían convertirse en narrativas más simples diseñadas para audiencias en Europa y Norteamérica. Brosius argumentaba que esto tenía un coste: si se presentaba a los pueblos indígenas como ajenos a los mercados o la política moderna, sus reivindicaciones resultaban más fáciles de desestimar.
El molong y el precedente judicial de 2012
Durante décadas, el reconocimiento legal de tierras consuetudinarias en Sarawak favorecía a comunidades capaces de señalar tierras despejadas para agricultura. Ese marco legal planteaba un obstáculo fundamental para los penan nómadas y seminómadas, cuyo uso tradicional mantenía el bosque intacto. Desde principios de los años ochenta, Brosius había estado recopilando registros detallados de ese uso: genealogías, mapas, notas lingüísticas, fotografías e historias migratorias familiares.
Central a este trabajo era la práctica del molong, término que puede traducirse aproximadamente como preservar o fomentar. Las familias penan gestionaban rodales específicos de sagú silvestre, árboles frutales y madera para embarcaciones a lo largo de generaciones, cosechando troncos maduros mientras dejaban crecer los brotes jóvenes.
Cuando Brosius testificó como perito en 2012 en un caso de Derechos Consuetudinarios Nativos que involucraba a la comunidad de Long Jaik, utilizó esas décadas de documentación para refutar la afirmación de que los penan simplemente vagaban por un territorio salvaje sin gestión. El tribunal aceptó que el molong representaba un sistema activo y estructurado de custodia histórica, estableciendo un precedente legal para las reivindicaciones territoriales consuetudinarias penan.
Bosques degradados y reivindicaciones en disputa
Sin embargo, para entonces la mayor parte de los bosques primarios de dipterocarpáceas estaban degradados por la tala, despejados para plantaciones de palma aceitera y madera, o inundados por presas hidroeléctricas. Incluso con avances jurídicos, las reclamaciones de tierras consuetudinarias en el interior de Sarawak siguen siendo disputadas.
En el verano previo a su fallecimiento, Brosius regresó a Sarawak y pasó varias semanas cartografiando áreas ancestrales junto a familias penan, tal como había hecho cuarenta años atrás. Su legado científico y legal permanece como testimonio de un trabajo riguroso que combinó antropología, activismo informado y defensa de los derechos indígenas en uno de los puntos críticos de biodiversidad del Sudeste Asiático.
