Las intensas olas de calor registradas en junio y julio de 2026 en Europa pusieron de manifiesto que las disrupciones en los sistemas alimentarios no siempre comienzan en las explotaciones agrícolas. Según una correspondencia publicada en Nature por investigadores de la Universidad Agrícola de Huazhong (Wuhan, China) y la Universidad de Zhejiang (Hangzhou, China), las presiones más agudas se concentraron en sectores como la ganadería intensiva, la refrigeración comercial y la gestión de residuos orgánicos.
En Francia, la mortalidad masiva de aves de corral desbordó los servicios de recogida y eliminación de cadáveres, generando un cuello de botella logístico y sanitario. Mientras tanto, en el Reino Unido, los fallos en los sistemas de refrigeración de supermercados interrumpieron la disponibilidad de productos refrigerados y congelados, evidenciando la vulnerabilidad de la cadena de frío ante temperaturas extremas sostenidas.
Los autores —Zongyin Zhao, Chengchao Zuo, Xinli Ke y Shuyu Yang— destacan que estos episodios exponen eslabones débiles en la infraestructura alimentaria que tradicionalmente reciben menos atención que la producción primaria. «Las disrupciones no siempre comienzan en las granjas», afirman en la correspondencia. La ganadería confinada, la refrigeración industrial y la gestión de residuos orgánicos carecen en muchos casos de protocolos de resiliencia climática adaptados a extremos térmicos cada vez más frecuentes e intensos.
Infraestructura obsoleta ante un clima cambiante
El estudio subraya que la mayoría de las instalaciones ganaderas y los sistemas de refrigeración comercial en Europa fueron diseñados para rangos de temperatura históricos que ya no reflejan la realidad climática actual. Las olas de calor de 2026, con temperaturas sostenidas por encima de los 40 °C en varias regiones del sur y centro de Europa, superaron los umbrales operativos de muchas infraestructuras.
En el caso de la avicultura francesa, la combinación de alta densidad de animales, ventilación insuficiente y temperaturas extremas provocó tasas de mortalidad sin precedentes en granjas industriales. Los servicios de recogida de cadáveres, dimensionados para volúmenes normales, colapsaron, retrasando la eliminación y generando riesgos sanitarios adicionales.
En el Reino Unido, la cadena de frío de grandes distribuidores sufrió interrupciones debido a la sobrecarga de los sistemas de refrigeración, que operaban al límite de su capacidad. La pérdida de producto perecedero fue significativa, con impacto tanto en la seguridad alimentaria como en las pérdidas económicas del sector minorista.
La necesidad de adaptar toda la cadena alimentaria
La correspondencia de Nature insta a repensar las políticas de adaptación climática en el sector agroalimentario, ampliando el foco más allá de la resiliencia de cultivos y pastos. «La transformación de los sistemas alimentarios debe abordar también la infraestructura intermedia: alojamientos ganaderos, refrigeración, logística y gestión de residuos», señalan los investigadores.
Entre las medidas propuestas figuran la mejora de los sistemas de ventilación y refrigeración pasiva en instalaciones ganaderas, la actualización de equipos de refrigeración comercial para soportar picos térmicos prolongados, y el refuerzo de los servicios de recogida y gestión de residuos orgánicos ante eventos extremos. También se sugiere la implementación de protocolos de emergencia específicos para olas de calor, incluyendo sacrificio preventivo controlado y activación de redes logísticas de respaldo.
El artículo forma parte de un volumen de Nature que examina los impactos múltiples de las olas de calor europeas de 2026, que batieron récords históricos en al menos doce países y causaron más de 15.000 muertes relacionadas con el calor, según datos preliminares de organismos de salud pública europeos.
Los autores declaran no tener conflictos de interés y no recibieron financiación específica para esta correspondencia.
