Las cifras de recuperación del lince ibérico son buenas. La de su presa principal, no. Y la segunda condiciona a la primera más de lo que sugiere un titular.
Una especie clave
El conejo de monte no es una presa más del monte mediterráneo: es la presa. Depredadores especializados como el lince ibérico o el águila imperial ibérica dependen de él de forma casi exclusiva, y por debajo de ellos hay una larga lista de carnívoros y rapaces que lo aprovechan de forma oportunista. Su excavación y su herbívora, además, modelan la estructura del matorral.
En ecología se llama a esto una especie clave: cuando cae, no cae sola.
El desplome
La documentación que acompaña al último censo de lince sitúa la caída de la población de conejo de monte en torno a un 70% en los últimos diez años, y la señala junto a los atropellos y la caza ilegal como una de las principales amenazas para el futuro de la especie.
Detrás de ese declive hay una combinación conocida: dos enfermedades víricas introducidas en el siglo XX —la mixomatosis primero y la enfermedad hemorrágica después— que diezmaron las poblaciones ibéricas y siguen circulando, sumadas a la transformación del hábitat y a la intensificación agraria, que han ido eliminando el mosaico de matorral y pasto que el conejo necesita.
Por qué importa el matiz
Un depredador especializado puede seguir aumentando durante un tiempo gracias a las sueltas, la vigilancia y la reducción de la mortalidad no natural. Pero a medio plazo ninguna población de lince se sostiene por encima de lo que su presa permite. Por eso buena parte del trabajo de conservación menos vistoso —recuperar majanos, restaurar matorral, gestionar sanitariamente las poblaciones— va dirigido al conejo y no al felino.
Fuentes: Censo de lince ibérico 2025 (MITECO) · WWF España
