Más de 1.000 escuelas en el Reino Unido cerraron o enviaron a sus alumnos a casa de forma anticipada este verano debido a temperaturas que superaron los 30 °C en el exterior y condiciones aún más sofocantes en las aulas sin aire acondicionado ni ventilación adecuada. Según informa BBC News, el fenómeno ha reavivado el debate sobre la necesidad de modificar el calendario escolar británico para adaptarlo a un clima cada vez más cálido.
El verano de 2026 está en camino de convertirse en el más caluroso jamás registrado en el país, con cinco olas de calor generalizadas y cuatro meses consecutivos superando los 35 °C, algo sin precedentes. En junio, Lingwood (Norfolk) alcanzó 38 °C, el día más caluroso jamás medido en ese mes. La Oficina Meteorológica británica (Met Office) emitió una alerta roja por calor extremo, mientras que la Agencia de Seguridad Sanitaria publicó múltiples avisos.
El calor llega antes y afecta a los exámenes
El análisis de datos de temperatura realizado por la BBC muestra un cambio claro: en la década de 1960, el primer día con 30 °C se registraba en promedio el 13 de julio. En la década de 2020, esa fecha se ha adelantado al 19 de junio. Will Lang, meteorólogo jefe de la Met Office, señala que «la temporada cálida de facto en el Reino Unido se está alargando, con una prevalencia creciente de tiempo caluroso —incluidas olas de calor— en mayo y septiembre, además del verano meteorológico estándar de junio, julio y agosto».
El impacto sobre el rendimiento académico es medible. Según el informe Well-Adapted UK del Comité de Cambio Climático, realizar un examen a 32 °C reduce aproximadamente en un 10 % la probabilidad de aprobarlo, comparado con hacerlo a 22 °C. La baronesa Brown, presidenta del comité, advirtió que «sabemos que las altas temperaturas pueden afectar significativamente la concentración y el rendimiento de los niños en las escuelas». Un estudio publicado en la revista Climate Risk Management en 2024 fijó 26 °C como el límite superior de confort en un aula, y estimó que las escuelas inglesas actuales alcanzan ese umbral 59 días al año, cifra que aumentaría a 71 días con un calentamiento global de 2 °C.
Llamadas a adelantar las vacaciones de verano
En febrero de 2026, Sir Martyn Oliver, inspector jefe de Ofsted, sugirió reconsiderar el calendario: «Suele hacer bastante calor en mayo, junio y julio, justo cuando pides a los niños que se sienten a hacer un examen… creo que hay que echarle un buen vistazo [al año escolar]». En Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte, los alumnos no regresan a clase hasta principios de septiembre, mientras que en Escocia las vacaciones empiezan a finales de junio o principios de julio y terminan a mediados de agosto.
Steve Chalke, fundador de Oasis Academy —que gestiona más de 50 escuelas en Inglaterra—, explicó que las olas de calor fueron «un verdadero inhibidor» para la enseñanza. «¿Qué haces como director? ¿Cómo puedes dirigir una escuela de forma segura si el servicio meteorológico nacional advierte que solo viajes si es esencial y que hagas todo lo posible por mantenerte fresco?», se preguntó. Chalke considera que «sin duda necesitamos repensar el año escolar» y reclama un plan nacional a corto plazo para los próximos años.
Algunos padres apoyan el cambio. Andrea Bigger, madre en Londres, afirma estar «absolutamente consciente de los peligros» del calor extremo en las aulas tras ver a su hija hospitalizada por agotamiento térmico en su escuela primaria. Rebecca Martin, otra madre, teme que su hijo tenga que hacer los exámenes GCSE en condiciones cada vez más calurosas y considera que debe haber «consideraciones serias sobre el año escolar para reflejar el cambio climático o mejor inversión en las escuelas para dotarlas de aire acondicionado».
Inversión en edificios o cambio de calendario
Países europeos más cálidos como Francia y España ya cuentan con directrices que activan cambios de horario o cierres escolares cuando las temperaturas alcanzan umbrales extremos. Algunos expertos sugieren que el Reino Unido podría necesitar un modelo similar. Sin embargo, otros padres, como Gemma Beake de Bristol, consideran que la solución pasa por hacer los edificios escolares más resilientes al clima: «Si se puede climatizar las escuelas con aire acondicionado, serán lugares más seguros que muchos hogares y pisos donde tenemos el mismo problema de sobrecalentamiento».
Cualquier cambio significativo —ya sea en el calendario escolar o en la infraestructura— requeriría liderazgo nacional, inversión considerable y años de implementación. Mientras tanto, el concepto de «días de calor» (análogo a los tradicionales «días de nieve») empieza a normalizarse en un país donde los veranos ya no se comportan como antes.
