La industria satelital occidental atraviesa una crisis de disponibilidad de lanzamientos que, según analistas, podría empeorar en los próximos años. Operadores de satélites reportan dificultades crecientes para reservar cohetes, pese a que el número de lanzamientos orbitales se ha triplicado en la última década. El problema central: la dependencia casi total del Falcon 9 de SpaceX y el anuncio de la compañía de que reducirá vuelos comerciales del cohete tras 2028 para priorizar su nuevo Starship y constelaciones propias como Starlink.
Caleb Henry, director de investigación en Quilty Space, resume la situación en declaraciones recogidas por Ars Technica: «Lo que tenemos es una industria en pánico». Empresas satelitales como la canadiense Telesat han recibido consultas de terceros preguntando si compartirían parte de las 11 misiones Falcon 9 que tienen reservadas. Amazon LEO ha tenido que frenar la producción de satélites porque docenas de lanzamientos contratados hace cinco años aún no están listos. AST SpaceMobile, durante una llamada de resultados en agosto de 2026, señaló que la disponibilidad de lanzamiento es ahora el factor limitante para desplegar su constelación.
SpaceX vuela menos Falcon 9 y mira hacia Starship
SpaceX lanzó el Falcon 9 un total de 165 veces en 2025, pero se espera que en 2026 la cifra caiga unas 20 misiones. Documentos financieros de la compañía muestran que en el segundo trimestre de 2026, Starlink generó 4.300 millones de dólares de los 7.800 millones totales de ingresos, mientras que los servicios espaciales (donde se incluye lanzamiento comercial) representaron menos del 12 %. La presidenta de SpaceX, Gwynne Shotwell, ha indicado que la vida operativa del Falcon 9 podría terminar entre 2030 y 2032, aunque clientes comerciales ya encuentran dificultades para contratar misiones después de 2028. Según una fuente citada por Ars Technica, SpaceX habría comunicado al gobierno estadounidense que finalizará lanzamientos comerciales tras 2028, limitándose a misiones federales contratadas.
El vehículo Starship, con capacidad de carga masiva, está optimizado para las propias necesidades de SpaceX: satélites Starlink v3 y centros de datos orbitales, sectores que prometen márgenes de beneficio mucho mayores que el lanzamiento bajo contrato. El dispensador de satélites tipo «PEZ» del Starship está diseñado específicamente para la constelación propia de la compañía.
La guerra de Ucrania agravó la escasez
El 24 de febrero de 2022, Rusia invadió Ucrania a gran escala. Esto retiró del mercado occidental los cohetes Soyuz y Protón, que Europa y otros países usaban habitualmente. Simultáneamente, Europa pasaba del Ariane 5 al Ariane 6 (con retrasos de años), y Estados Unidos migraba del Atlas V al Vulcan (también con retrasos). OneWeb, empresa británica de satélites, perdió acceso a lanzamientos Soyuz contratados y tuvo que recurrir directamente al Falcon 9 de SpaceX para completar su constelación.
Tanto Japón (cohete H3) como India (LVM3) buscaron captar contratos comerciales tras el inicio de la guerra, pero con resultados limitados. El H3 sufrió un fallo en su debut en 2023 y otro en su octavo vuelo en 2025; lanza sólo unas pocas veces al año. El LVM3 indio apenas despega una o dos veces anuales. En este contexto, solo SpaceX respondió. Entre 2021 (31 lanzamientos Falcon) y 2023 (91 lanzamientos), la compañía multiplicó por tres su cadencia, sosteniendo prácticamente toda la demanda occidental: satélites Galileo europeos, astronautas de la NASA, vehículos de Amazon LEO.
Vulcan y New Glenn, obstáculos inesperados
El Vulcan de United Launch Alliance debutó en enero de 2024, pero problemas persistentes con sus aceleradores sólidos (proporcionados por Northrop Grumman) han ralentizado su cadencia. Seis años después de que la Fuerza Espacial estadounidense comprara decenas de vuelos Vulcan, solo se han lanzado dos misiones militares. El Pentágono, frustrado, ya ha trasladado varias cargas útiles inicialmente asignadas a Vulcan hacia el Falcon 9.
El cohete New Glenn de Blue Origin realizó su primer vuelo en enero de 2025 y logró aterrizar un primer estadio en noviembre de ese año. Sin embargo, en mayo de 2026 explotó durante una prueba de fuego estático en Florida, destruyendo su única plataforma de lanzamiento. New Glenn permanece inactivo al menos hasta finales de 2026, con reanudación probable a inicios de 2027. El Ariane 6 europeo, que debutó en julio de 2024, tiene un objetivo de producción de diez vehículos anuales: insuficiente para cubrir la demanda global.
Nueva generación de cohetes: ¿a tiempo?
Varios cohetes estadounidenses de nueva generación están en desarrollo: Nova (Stoke Space, hasta 7 toneladas a órbita baja, totalmente reutilizable), Neutron (Rocket Lab, 13 toneladas reutilizable), Terran R (Relativity Space, 23,5 toneladas reutilizable) y Eclipse (Firefly y Northrop Grumman, 16 toneladas). Stoke Space espera entregar el primer estadio de vuelo a su sitio de lanzamiento en Florida este otoño, con debut posible en la primera mitad de 2027. Rocket Lab, cuyo Neutron apuntaba inicialmente a 2024, planea enviar el cohete a Virginia antes de fin de 2026; debut en 2027 parece plausible. Terran R y Eclipse llegarán probablemente más tarde.
Devon Papandrew, vicepresidente de desarrollo de negocio de Stoke, advierte: «Hay más que un poco de pánico sobre la disponibilidad de lanzamientos. Incluso si los cuatro nuevos vehículos de carga media alcanzan sus objetivos en éxito de vuelo y cadencia, en realidad no supondrá tanta diferencia en demanda de inmediato. Llevo tiempo diciendo que 2028 es cuando este problema se vuelve realmente agudo».
¿Intervendrá el gobierno estadounidense?
Algunos plantean si el gobierno federal podría intervenir para mantener el Falcon 9 operativo. NASA apoyó financieramente el desarrollo del cohete a través del programa Commercial Cargo, y el Pentágono tiene influencia mediante contratos del National Security Space Launch Program. Ideas más audaces incluyen obligar a SpaceX a vender infraestructura del Falcon 9 a un tercero, o incluso nacionalizar la compañía bajo argumento de seguridad nacional.
Scott Pace, director del Space Policy Institute en la Universidad George Washington, descarta conflicto: cualquier esfuerzo gubernamental en este ámbito tendría que ser mutuamente aceptable para ambas partes. Elon Musk, fundador de SpaceX, dispondría de enorme capital político (es gran donante republicano) y recursos legales para oponerse. Además, muchos expertos en política espacial consideran que enfrentarse a SpaceX, cuyo liderazgo en lanzamiento y órbita baja es un activo estratégico estadounidense frente a China, resultaría contraproducente.
Mientras la industria aguarda, la predicción de Quilty Space es clara: la demanda anual superará varios miles de lanzamientos antes de 2030. Analysys Mason prevé más de 37.000 satélites a desplegar entre 2023 y 2033. El debate ha pasado de cuántas empresas de lanzamiento puede sostener el mercado estadounidense a quién puede ejecutar más rápido. Y por ahora, sin el Falcon 9, el mercado occidental estaría, en palabras de Ars Technica, «completamente jodido».
