Un estudio publicado en Biological Conservation señala que la relajación de las restricciones sobre armas de fuego durante la administración del expresidente brasileño Jair Bolsonaro actuó como motor principal de la caza furtiva de fauna silvestre en Brasil. Entre 2019 y 2022, el arsenal privado de armas en manos de civiles y militares casi se duplicó, pasando de 1,3 millones a 3 millones de unidades, según datos de los institutos Igarapé y Sou da Paz citados por Mongabay.
El grupo conocido como CAC (cazadores, tiradores deportivos y coleccionistas) experimentó un crecimiento exponencial: de 59.000 armas adquiridas en 2018 a 430.000 en 2022. Para ese último año, los CAC poseían el 42,5% del arsenal privado del país, superando a las fuerzas armadas. «¡Quiero que todos estén armados!», declaró Bolsonaro durante una reunión de gabinete en mayo de 2020, reflejo de una agenda proarmas que impulsó activamente durante su mandato.
Más de 4.000 animales abatidos
Los investigadores, liderados por Hani El Bizri de RedeFauna, analizaron 2.046 publicaciones en redes sociales que documentaban caza ilegal de fauna nativa. Aproximadamente el 95% de estas publicaciones se compartieron entre 2019 y 2020 por residentes de 790 municipios repartidos por los 27 estados brasileños. El inventario registró al menos 4.658 animales muertos pertenecientes a 157 especies nativas: 75 aves (47,8%), 51 mamíferos (32,5%), 26 reptiles (16,6%) y cinco anfibios (3,1%).
El equipo examinó 11 variables divididas en tres categorías —demografía y accesibilidad, contexto ecológico, y contexto político y económico— para identificar los factores relacionados con mayor probabilidad de caza furtiva. «Lo que hicimos fue tomar información de estadísticas oficiales de Brasil que pudieran tener alguna relación con la caza, basándonos en la literatura científica. Utilizamos una base teórica existente para seleccionar las variables», explicó El Bizri a Mongabay.
Entre los factores analizados figuraban densidad poblacional humana, accesibilidad por ríos y carreteras, áreas naturales remanentes, nivel de defaunación local (agotamiento de fauna silvestre), acceso a internet y PIB per cápita. El modelo también incorporó el porcentaje de votos obtenido por Bolsonaro en cada municipio. Los resultados permitieron inferir que el acceso ampliado a armas aumentó directamente la probabilidad de que fueran utilizadas para caza ilegal. «En general, encontramos que el acceso a armas estaba muy relacionado con la probabilidad de caza», añadió el investigador.
El Arco de Deforestación: epicentro de la caza ilegal
El estudio identificó una concentración elevada de caza ilegal en municipios del llamado Arco de Deforestación amazónico, una franja que abarca los estados de Mato Grosso, Pará, Rondônia, Amazonas, Acre y Maranhão. Esta zona, frontera agrícola en expansión, surgió como el principal foco de caza furtiva. «El Arco de Deforestación ha sido una olla a presión para diferentes problemas ambientales, y vimos que esta misma área es un foco muy fuerte [de caza]. Tienes grandes terratenientes con acceso a armas, y estas son áreas donde el apoyo a Bolsonaro es alto y están al borde de la defaunación debido a la degradación ambiental. Pero aún queda Amazonía allí. Así que tienes el sistema perfecto para que ocurra la caza ilegal», señaló El Bizri.
La región concentra aproximadamente el 75% de toda la pérdida de cobertura arbórea detectada en el bioma amazónico. Juliano Bogoni, coautor del estudio e investigador en la Universidad Estatal de Mato Grosso, apuntó que «el agotamiento de la fauna en la frontera del Arco de Deforestación es mucho más severo y rápido que en cualquier otro lugar. Allí, las poblaciones no se recuperarán. Las que no perezcan por pérdida de hábitat perecerán por caza; les dispararán».
Clarissa Rosa, investigadora del Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonía (INPA), destacó que el estudio arroja luz sobre una práctica legalmente permitida en Brasil: la caza de jabalíes por civiles para controlar esta especie invasora. Introducidos en el sur de Brasil a principios del siglo XX, los jabalíes se han expandido por todo el país. Su control con armas de fuego está permitido desde 2013, pero a menudo sirve como justificación para adquirir armamento pesado. «Estos resultados son interesantes incluso para ver cómo abordamos el tema del jabalí de ahora en adelante en términos de armas. Siempre ha existido esta discusión sobre qué pasará si empezamos a liberar armas de calibre tan grande y cómo se puede controlar para que no termine volviéndose contra especies nativas», afirmó Rosa a Mongabay.
Llamado a políticas más estrictas
A partir de julio de 2025, la Policía Federal de Brasil asumió la regulación y registro de los CAC, función que antes ejercía el ejército. Los autores del estudio recomiendan controles de armas más estrictos y mayor aplicación de la ley, especialmente en las zonas identificadas como focos de caza furtiva. Proponen además una estrategia multifacética que combine iniciativas educativas con tecnologías como drones y cámaras en áreas protegidas.
«Es una epidemia de caza. Está extendida por todas partes y se está reproduciendo», advirtió El Bizri. «La caza es degradación ambiental, un impacto silencioso; la gente no lo ve. No es como el fuego que quema todo o el cambio climático inundando y matando animales. Es silencioso, está oculto. Así que la advertencia es que cuando votas por un gobierno con una agenda antiambiental, estás votando por una agenda con efectos que no puedes controlar». Bogoni añadió: «Estas personas no dejarán de cazar hasta que el último animal deje de moverse».
La investigación subraya que la caza furtiva coloca una presión considerable sobre la biodiversidad brasileña, especialmente cuando se combina con la pérdida de hábitat. «La caza es una de las razones más claras que vemos para la defaunación, especialmente para especies de más de 10 kg. Si tenemos un gobierno que no se preocupa por esto, la gente ciertamente se sentirá un poco más cómoda llevando a cabo esta actividad, que ha estado prohibida desde 1967 e ilegal desde 1998», señaló Bogoni.
